lunes, 9 de marzo de 2020


PARQUE NICOLAS AVELLANEDA
UNA BREVE RESEÑA HISTORICA

                El parque Nicolás Avellaneda se encuentra limitado por la avenida Directorio, las calles Lacarra y Primera Junta y la autopista Perito Moreno, por cuyo itinerario hace ya muchos años, circulaba espaciada y lentamente un tren de carga, cuyo destino ignoramos y que generaba un momento de gran expectativa entre los pibes del barrio. Pegada al parque -casi formando parte del mismo- se encuentra la iglesia San Sabino y Bonifacio, modesta y bella. Como todos los parques públicos, el nuestro es igualitario y democrático, confluyen desde siempre en sus espacios personas de los más diversos orígenes: religiosos, culturales, económicos, políticos y deportivos.

                Contiene casi en su centro a la casona de los Olivera, construida en 1838 y que es el único casco de estancia que aún se conserva en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. También existe un sólido edificio en cuyo interior se encuentra una pileta de natación -hoy en desuso- y gimnasios que fueron utilizados para el desarrollo de la alta competencia gimnástica. A la vera del edificio en un amplio espacio, estaban los juegos con 3 toboganes, pasos volantes, sube y bajas y areneros. Todavía hoy y como testimonio nostálgico, se puede leer en el umbral del predio, la frase “motus et vita año 1927”.

                A un centenera de metros de “la pileta”, está la pista de atletismo de 333 metros, en los que corrieron atletas de categoría internacional, como Roger Ceballos, Raúl Ibarra -récord mundial en 20 km- Gilberto Miori e Iris Fernández. Los amantes de este deporte seguían con la máxima atención sus extensas y exigentes jornadas de entrenamiento. Los memoriosos recuerdan, que en los inicios de los años ´40 y a la vera de la pista, se alzaba una linda tribuna techada, que le brindaba a la misma una especial galanura.

Si bien es cierto, que el atletismo despertaba interés, el fútbol fue siempre el gran protagonista deportivo. Durante décadas los fines de semana centenares de jugadores practicaban el más popular de los deportes en improvisados espacios. Hasta en aquellos en los que rezaba “PROHIBIDO PISAR EL CESPED”. Los arcos eran la ropa de los jugadores, los cuadros se elegían con algún cuidado para evitar que alguno tuviera “robo”. Los “giles” iban al arco.

Los días domingo, en la cancha principal del parque jugaban alternativamente Liberal de Flores y Liberal Porteño, que fueron sucedidos, luego, por los “veteranos”, que llenaron una época inolvidable. Marcos Cusín, seis de Independiente, era el delegado que armaba el equipo, conseguía los rivales y además lavaba las camisetas, que llevaban los colores de River. En este cuadro de veteranos, entre muchos otros, actuaron Enrique “Coco” Brunetti, Fernando “Nano” Areán, B. Leonardi, Juan Carlos “Chango” Cárdenas, Roberto Rogel, Garabal, junto a una gran cantidad de integrantes. Entre ellos, Marcos elegía en forma discrecional a quienes iban a actuar en cada encuentro. Siempre había más de once para jugar, de allí los enojos de los que quedaban afuera y que provocaban encendidos conciliábulos, algunos incentivados desde el propio entorno. Marcos resolvía siempre con autoridad los conflictos. Al igual de lo que acontecía en todas las canchas barriales, no faltaron los arbitrajes polémicos, con sus consabidas consecuencias: empujones y algunos golpes. El escenario descripto tenía lugar en la casilla, en sus alrededores o bien en el propio campo de juego, con la participación a veces alegre y otras veces no tanto, de propios y extraños. En los partidos casi siempre triunfaban los veteranos.

Como corolario de todos estos pormenores comentados, en donde el buen humor se hacía notar en forma permanente, excepto en la cancha, los domingos por la mañana el parque era una fiesta. Si había sol, más. A pocos metros de la casilla, se alzaba la vivienda de Ramón, quien con su esposa y dos hijos la habitó durante varios años. Resolvía Ramón con sus formas cordiales los requerimientos que planteaba en forma permanente, el heterogéneo grupo, que se reunía en esa zona del parque. La casilla construida prolijamente por las autoridades municipales de entonces, era de chapa acanalada y piso de baldosas. Sobre éstas, los tapones de los zapatos producían el sonido -que junto al olor a linimento- generaban el ambiente propio e inolvidable de los vestuarios de fútbol.

Junto al atletismo, otros deportes también cobraron importancia: en las paralelas trabajaban en forma intensa y permanente quienes cultivaban sus físicos, a fin de lograr figuras esculturales, que luego exhibían con orgullos. Eran verdaderos personajes. ESTRELLA, según el inolvidable periodista Ricardo Lorenzo “Borocotó” (padre), “surgió del corazón del parque Avellaneda”, fue campeón argentino y de la Copa O`Farrell con grandes jugadores, como Stroppiana, Aizcorbe, Contini, todos referentes del básquet de su tiempo.

Al total de estas actividades deportivas, es bueno sumar las sesiones de entrenamiento intenso a las que se sometían algunos boxeadores, de entre los cuales recordamos a algunos de la talla de Eduardo Lausse y Ricardo Calicchio. Claro está que el conjunto de actividades enunciadas, tuvieron como aliado superior al hábitat natural, que brindan los árboles, plantas y pájaros de nuestro parque. Sus pinos, tilos, eucaliptus y otras diferentes especies, enriquecen el oxígeno y generan un escenario en donde junto a las flores y los pájaros, consagran al Avellaneda como uno de los lugares más bellos de la ciudad.

Hasta aquí hemos comentado, en forma casi excluyente, episodios vinculados con diversas experiencias deportivas desarrolladas en el parque. Seguramente, se han deslizado en dichos comentarios omisiones involuntarias, pues los hechos relatados se basan exclusivamente en el falible recurso de la memoria persona. También otros detalles han sido motivo de especial consideración, por parte de los concurrentes. Por ejemplo, la instalación del trencito, que desde el predio del Jardín Zoológico se trasladó en 1929, a su actual ubicación, según lo detalla el Diario Clarín, en un artículo dedicado a este hermoso pulmón verde de la ciudad. La terminal estaba protegida por una glicina centenaria llena de flores, cuyo perfume anunciaba la llegada del mes de noviembre.

Merece una mención especial el vivero existente en el parque Avellaneda, ganador de premios por la extensa variedad de plantas y flores exóticas. Durante años fue quien proveyó a otros parques los plantines de flores y plantas, como así también adornaron despachos oficiales, que a esos efectos asimismo se cultivaban

ANTONIO LONGO
“PUCHERITO